Salí de la habitación con los niños, tomándolos de la mano mientras caminábamos por el pasillo. De repente, Hakon me interceptó. Me miró fijamente, luego dirigió su mirada hacia los pequeños.
—Eirik está ciego, pero yo voy a vigilarte —dijo con un tono serio.
Asentí con la cabeza y le sonreí, intentando mostrar calma.
—Sé que no te caía bien en el pasado, y puedo imaginar que ahora te caigo aún peor. Pero de algo puedes estar seguro: jamás les haría daño a los niños. Ellos son mis hijos, y los