El chirrido metálico de las puertas de dos contenedores se amplifica en cada rincón de la gran bodega. Los hombres del señor Liang, como si siguieran en una coreografía, se acercan a los contenedores y revisan la mercancía, para luego asentir. El señor Liang hace un pequeño gesto y la fila de hombres que lo protege se separa para dar entrada a una hermosa mujer de ojos oscuros, cabello negro, liso y sedoso, que vestida de negro y con unos vertiginosos tacones se acerca a Benicio y