El palacio nunca dormía.
Solo susurraba.
Callie lo aprendió a las malas.
En cuanto cruzó el ala del Rey esa mañana, el aire cambió. No más frío, sino más cortante. Como una cuchilla que se arrastraba lentamente sobre la piel. Los ojos la seguían de una forma que no habían visto antes. Los sirvientes se detenían demasiado. Las conversaciones terminaban demasiado rápido. Sonrisas se curvaban donde no debían.
Mantenía la cabeza gacha, la postura perfecta, las manos cruzadas al caminar, pero la ten