La medianoche llegó sin ceremonia.
Sin campanas. Sin llamadas resonando por los pasillos del palacio. Solo la silenciosa certeza que se apoderó de Callie a medida que la hora se acercaba, pesada e inevitable. La sintió antes de oír el golpe, antes de que llegaran los guardias para escoltarla, antes de que las puertas se abrieran en la sombra.
Darian no la llamó en voz alta.
Nunca lo necesitó.
El pasillo fuera de su cámara de entrenamiento privada estaba en penumbra, iluminado solo por antorchas