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Tutankhamun se negó rotundamente a aceptar que Kiya debía sacrificarse eternamente, y pasó tres días sin dormir buscando alternativa que cada sacerdote, cada sabio, cada dios que consultó le confirmaba no existía.

El cuarto día lo encontró en la biblioteca del palacio, rodeado de pergaminos tan antiguos que el papiro se desintegraba bajo sus dedos. Amenemhat, el Sumo Sacerdote, observaba desde el umbral con expresión compas

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