Mundo ficciónIniciar sesiónTutankhamun y Kiya cayeron juntos en la oscuridad infinita donde Apep esperaba, sus almas entrelazadas por amor tan poderoso que incluso las cadenas de Ra no pudieron separarlos.
El vacío los envolvió como agua negra, densa y fría. No había arriba ni abajo, ni luz ni sombra—solo ausencia absoluta de todo excepto ellos mismos. Tutankhamun sintió el pánico trepar por su garganta, pero entonces los dedos de Kiya apretaron los suyos y el terror retrocedió marginalmente.
—Estoy aquí —susurró ella, aunque no tenía boca para hablar, ni voz para formar palabras. La comunicación era algo más profundo que lenguaje.
Gradualmente, sus sentidos—o lo que quedaba de ellos en este lugar sin forma—comenzaron a ajustarse. Percibieron a los otros. Seis almas más flotando en la nada, cada una brillando con luz tenue como estrellas distantes. Reconoc







