Mundo ficciónIniciar sesiónNeferet y Amenhotep regresaron a Tebas en silencio absoluto durante el viaje completo de vuelta, porque ambos sabían que cada palabra desperdiciada era un momento menos juntos, y los momentos se habían vuelto más preciosos que todo el oro de Egipto.
El barco deslizó sus velas contra el viento del norte mientras navegaban río arriba, y Neferet mantuvo los ojos fijos en las orillas familiares sin atreverse a mirar a su esposo. Si lo hacía, si veía el dolor que sabía que habitaba en sus ojos oscuros, podría cambiar de opinión. Y no podía permitirse esa debilidad. No cuando la vida de Tutankhamun dependía de su fortaleza.
Amenhotep permaneció junto a ella en la proa, su mano rozando ocasionalmente la suya en gestos inconscientes que hablaban de una intimidad tan profunda que ni siquiera la certeza del adiós podía quebrarla. Cuando las torres del palacio aparecieron en e







