Mundo ficciónIniciar sesiónLa madre de Nakhtmin reveló una verdad que Neferet nunca esperó escuchar: El hombre que reclamaba el trono era un fantasma viviente.
La mujer se llamaba Mutnofret, y sus manos temblaban mientras sostenía una copa de vino diluido en la habitación privada que Neferet había preparado para el encuentro. Los años habían tallado surcos profundos en su rostro, pero sus ojos conservaban la claridad de quien ha guardado un secreto terrible durante demasiado tiempo.
—Mi verdadero hijo murió cuando tenía doce años —susurró Mutnofret, su voz apenas audible por encima del murmullo de las antorchas—. Una fiebre que los médicos no pudieron curar. Lo enterré con mis propias manos en la tumba familiar, junto a su padre.
Neferet sintió que el aire se espesaba a su alrededor. Satiah, sentada a su lado, se inclinó hacia adelante con los ojos entrecerrados.







