Mundo ficciónIniciar sesiónNakhtmin llegó a Tebas con la confianza de un hombre que cree que el trono le pertenece por derecho divino.
Su séquito se extendía por el camino principal como una serpiente dorada, brillando bajo el sol matutino. Cinco mil soldados marchaban en formación perfecta, sus escudos pulidos reflejando la luz mientras sus sandalias golpeaban la tierra en un ritmo hipnótico que resonaba por toda la capital. Al frente cabalgaba un hombre que irradiaba autoridad natural, su porte erguido sobre el caballo negro proclamando su linaje real sin necesidad de palabras.
Observé desde las ventanas altas del palacio mientras la procesión se acercaba. Nakhtmin tenía treinta y dos años, según los informes que habían llegado días antes de su arribo. Su rostro, visible incluso desde mi posición elevada, mostraba los rasgos aristocráticos de la línea real: pómulos altos, mandí







