Mundo ficciónIniciar sesiónEl Culto de Set había esperado quinientos años por este momento, y no dejarían que nada los detuviera.
La luz de las antorchas danzaba sobre los rostros encapuchados que rodeaban el altar de piedra, cada figura inmóvil como una estatua dedicada a la muerte. El aire espeso del templo subterráneo vibraba con cánticos en lenguas que habían muerto antes de que las pirámides fueran construidas. Seti permanecía en el centro del círculo ritual, y ya no era el hombre que Neferet había conocido. Su piel había adquirido un tinte grisáceo, y las cicatrices de sus brazos pulsaban con una luz rojiza que parecía tener vida propia.
—Entrega







