Mundo ficciónIniciar sesiónLos hijos de Horemheb cruzaron la frontera de Egipto con un ejército de mercenarios y una sola misión: mi muerte.
El mensajero llegó al palacio con el rostro ceniciento y las ropas empapadas en sudor. Se desplomó ante el trono donde Amenhotep sostenía audiencia matutina, las palabras brotando de sus labios agrietados como sangre de una herida mortal.
—Mi faraón, desde el sur viene un ejército. Dos mil soldados mercenarios y tribus del desierto. Los lideran los hijos de Horemheb.
El silencio que siguió fue más ensordecedor que cualquier grito de guerra. Amenhotep se irguió en el trono dorado, sus nudillos blanqueándose contra los brazos tallados en forma de león.
—Sus nombres —ordenó con voz controlada.
—Nakht y Djehuty, mi señor. El mayor es general, conocido por su brutalidad en las campañas nubias. El menor dicen que es un estratega brillante, educado en las escuelas militares de Babilonia.
Desde mi lugar junto al trono, observé cómo las l







