Mundo ficciónIniciar sesiónAmenhotep anunció que habían encontrado a Seti “donde siempre iban de niños”, pero su voz ya no parecía suya, sino la de un hombre que caminaba hacia un destino que temía y detestaba por igual. Neferet, a su lado, percibía en él una tensión silenciosa, un temblor casi imperceptible en la mandíbula que solo aparece cuando la ira y el dolor se entrelazan.
Ella avanzaba entre los pasillos del palacio rodeada por guardias reales cuyo paso marcaba un ritmo grave. El amanecer entraba por las ventanas altas, pero la luz dorada no traía consuelo: parecía el resplandor mortecino de un dios cansado. Neferet, que llevaba días anticipando esta confrontación, descubrió que el miedo había mutado en algo más frío: una determinación implacable. Quería respuestas, sin importar el







