El círculo no reaccionó de inmediato.
Eso fue lo primero que inquietó a Risa.
Había esperado una respuesta visible: luz, dolor, voces, algo que confirmara que había cruzado un umbral claro. Pero el territorio incompleto no funcionaba así. Allí, las decisiones no estallaban: se asentaban lentamente, como veneno paciente.
Custodia permanecía a un lado, inmóvil, con el velo apenas agitado por un viento que no tocaba a Risa.
—¿Ya empezó? —preguntó ella.
—Empezó cuando diste el primer paso sin pedir