El círculo no reaccionó de inmediato.
Eso fue lo primero que inquietó a Risa.
Había esperado una respuesta visible: luz, dolor, voces, algo que confirmara que había cruzado un umbral claro. Pero el territorio incompleto no funcionaba así. Allí, las decisiones no estallaban: se asentaban lentamente, como veneno paciente.
Custodia permanecía a un lado, inmóvil, con el velo apenas agitado por un viento que no tocaba a Risa.
—¿Ya empezó? —preguntó ella.
—Empezó cuando diste el primer paso sin pedir permiso —respondió Custodia—. Lo que ocurre ahora no es inicio. Es reconocimiento.
Risa sintió una presión suave en el pecho, no dolorosa, pero constante. Como si algo invisible estuviera midiendo su capacidad de sostenerse sin apoyo.
—¿Reconocimiento de qué?
Custodia inclinó la cabeza.
—De si puedes ser nombrada… sin romperte.
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Muy lejos de allí, pero no desconectado, Rhaziel despertó de golpe.
No había dormido. Pero su cuerpo reaccionó como si hubiera caído en un vacío breve, brutal. El aire