El Dueño De La Voz

El amanecer nunca llegó

La noche se quedó atrapada sobre la ciudad como si la hubiera mordido algo gigantesco y oscuro que no la dejaba avanzar.

Las calles estaban vacías.

Los perros no ladraban.

Los pájaros no cantaban.

El mundo parecía contener la respiración.

Noctara caminaba como una sombra afilada, cargando a Thallia en los brazos mientras la Orden seguía detrás a trompicones. Cada paso era una descarga de rabia contenida.

Thallia no pesaba casi nada, pero su presencia era un incendio.

No
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