El sol de la mañana doraba las murallas de Goldhaven, iluminando el reino con una luz suave y acogedora. La brisa fresca traía el perfume de las flores que florecían en los jardines de abajo, pero Phoenix estaba absorta en sus propios pensamientos, sentada en el balcón de sus aposentos.
Acariciaba su vientre con ternura, un gesto automático y protector que parecía conectar su corazón con el ser que crecía dentro de ella. Sobre su regazo reposaba el viejo cuaderno de su madre, Ruby, un objeto