Phoenix aún sentía las palabras de Pryo resonando en su mente mientras se acercaba al baúl repleto de vestidos. Sus dedos se deslizaron por la tela de un vestido de lino negro, simple pero elegante. Lo eligió sin pensar mucho, vistiéndolo con movimientos mecánicos mientras su mente vagaba. Pryo, con su habitual sarcasmo, invadió sus pensamientos:
"Va a empezar la tortura diaria... ups, quiero decir, el estudio diario."
Phoenix sonrió levemente, una sonrisa que apenas llegaba a sus ojos. Terminó