En la vasta mesa del salón de banquetes, los nobles de Rivermoor esperaban impacientes. El ambiente era lujoso, adornado con tapices detallados y candelabros brillantes, pero el aire cargado de tensión y murmullos demostraba que la belleza a su alrededor importaba poco. Las altas sillas de madera tallada acomodaban figuras de gran importancia, todas visiblemente incómodas por la tardanza de Ulrich y Phoenix.
La baronesa Rosalind Driftwood, una mujer de rasgos refinados y ojos astutos, se inclin