Al entrar en el salón principal del templo, Phoenix quedó sin palabras. El espacio era vasto, con un techo abovedado pintado con imágenes vívidas de ríos, cascadas y criaturas acuáticas legendarias. El suelo era de mármol pulido, reflejando la luz que emanaba de lámparas colgantes que proyectaban suaves ondulaciones, imitando el movimiento del agua.
En el centro del salón, una enorme fuente de mármol blanco con vetas azuladas dominaba la escena. Tenía la forma de una copa invertida, con escalo