Phoenix pasó el día sumida en una mezcla de ansiedad y actividades incesantes. Sus damas de compañía, Genevieve, Isadora y Eloise, la ayudaban a guardar los baúles, doblando ropa y organizando objetos mientras ella intentaba ahuyentar la creciente inquietud en su pecho.
Cada gesto suyo era automático, como si sus manos se movieran solas, mientras su mente estaba atrapada en la misma pregunta:
"¿Vendrá Ulrich?"
El tiempo parecía avanzar con lentitud, y las pequeñas conversaciones entre las damas