Por un instante, no ocurrió nada. La habitación permaneció en silencio, salvo por el suave crepitar de la leña ardiendo. Pero entonces, una silueta comenzó a formarse en el reflejo del espejo, como si emergiera de la propia superficie. Los ojos azules brillantes de la loba aparecieron primero, seguidos por el contorno majestuoso de su cuerpo etéreo.
"¿Qué pasa, Phoenix?" preguntó la loba, su voz baja y resonante, echando en la mente de Phoenix.
Phoenix cruzó los brazos, intentando mantener