Te tenía envidia

Por un momento, el silencio flotó, pesado como el aire húmedo de la celda. Arabella miró a Phoenix, con los ojos entrecerrados, pensativa. Luego, para sorpresa de Phoenix, asintió lentamente.

—Tienes razón —dijo, con la voz calma, pero cargada de una verdad cruda—. Te tenía envidia.

Phoenix parpadeó, tomada por sorpresa, pero pronto recuperó la compostura, con una sonrisa triunfante asomando.

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