Phoenix... necesito decirte algo.
La luz de la mañana entraba por las cortinas de tela fina, iluminando la habitación de una manera suave y acogedora. Phoenix despertó con el cálido sol acariciando su rostro y se dio cuenta de que estaba sola en la cama. Se estiró, sintiendo cómo sus músculos se despertaban lentamente, pero antes de preguntarse dónde estaba Ulrich, la puerta se abrió con un leve chirrido.
Ulrich entró cargando una enorme bandeja repleta de comida. Era una visión casi cómica: frutas frescas, panes, quesos, lonch