Mundo ficciónIniciar sesiónLa oscuridad de las mazmorras de Aurelia parecía adherirse a la criada mientras sostenía la bandeja, el peso de la comida intacta: pan endurecido, carne con una costra seca, frutas que comenzaban a marchitarse. El aire húmedo y fétido se pegaba a su piel, y el sonido de sus botas contra el suelo de piedra resonaba como un lamento apagado. Delante de ella, el guardia, un hombre de rostro endurecido y ojos cansados, giró la llave en la puerta de hierro, el chi







