Ulrich estaba sentado en la silla de madera oscura, su cuerpo rígido e inmóvil como una estatua. Frente a él, Phoenix yacía en la cama, aún inconsciente, su cuerpo cubierto de quemaduras visibles, resultado del contacto prolongado con la plata. Cada respiración suya parecía un esfuerzo, una señal de lucha que no debería estar ocurriendo, y, sin embargo, allí estaba, frágil y vulnerable como nunca antes lo había estado.
En la mano de Ulrich estaba atrapado el collar de plata, el mismo que le ha