La noche en Frostgate estaba especialmente fría, con vientos aullantes y nieve densa acumulándose en las ventanas de las cámaras reales. La Reina Phoenix estaba en la cama, con las mantas tiradas hasta la barbilla, tratando de encontrar algo de comodidad en la gélida oscuridad. Sus pensamientos estaban ocupados con la voz femenina que resonaba en su mente, una presencia constante y enigmática que aún estaba tratando de entender.
“¿Cuál es tu nombre?” preguntó Phoenix, su voz resonando suavement