Phoenix siguió a Vivian en silencio por los pasillos hasta que llegaron a los aposentos que compartía con Ulrich. Vivian hizo una reverencia discreta antes de retirarse, y Phoenix abrió la puerta, sintiendo una mezcla de expectativa y ansiedad.
Dentro, Ulrich estaba sentado en el sofá, con una copa de vino en la mano, la mirada fija en la chimenea encendida. Al verla entrar, levantó la vista y una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
"Me llamaste," dijo Phoenix mientras caminaba hacia él