Es algo… sorprendente

Era tarde, y como Phoenix le había pedido a Lucian, decidió caminar con Alaric por los alrededores del castillo. El aire fresco de la tarde aliviaba el calor del día, y las sombras de las torres se alargaban por las murallas, creando figuras fantásticas en el suelo de piedra. Phoenix, con su hijo en brazos y dos guardias detrás de ella, caminaba hacia el lugar que la había acogido desde aquella fatídica noche en la frontera del Este.

El

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