Mundo de ficçãoIniciar sessãoCon Alaric llorando en sus brazos, Phoenix cruzó las puertas del castillo. El hechizo de protección que había conjurado aún centelleaba a su alrededor, formando una barrera casi invisible que crepitaba con una luz azulada, repeliendo flechas y llamas como si la propia magia se negara a permitir que madre e hijo fueran tocados.
Pero afuera, el infierno se alzaba.
El cielo estaba teñido de rojo. Las murallas ardí







