El sonido rítmico de los remos cortando el agua llenaba el aire mientras el pequeño bote se deslizaba por el Gran Río. Phoenix estaba sentada en el centro, con un remero al frente y otro detrás, ambos trabajando arduamente para guiar la embarcación. A medida que avanzaban, las orillas comenzaron a desaparecer, reemplazadas por una vegetación densa y opresiva que parecía devorar el horizonte. El silencio reinaba, excepto por el crujido de los remos y el ocasional susurro de la brisa entre los ár