Toda la emoción que sintió al ver su rostro aparecer frente a él se fue cuando fijo la mirada en un vientre que debería estar abultado, pues no cargaba un bebé entre los brazos, y ninguno de sus guardias lo llevaba tampoco.
Leone II frunció el ceño y caminó hasta una joven que temblaba de pies a cabeza por tan solo mirarlo, y que, cuanto más cerca lo sentía, peor se sentía.
El terror que la azabache sentía era descomunal, por eso en su garganta se llevaba a cabo una batalla campal entre el air