Aidan
La luna creciente se alzaba sobre el bosque mientras yo permanecía inmóvil en el porche de mi casa, con la mirada fija en la ventana iluminada de Noelia. Su silueta se movía con gracia tras las cortinas, inconsciente de mi vigilancia. El lobo en mi interior gruñía satisfecho al tenerla cerca, pero el hombre... el hombre recordaba. Cerré los ojos y dejé que los recuerdos fluyeran como un río oscuro y turbulento. Hace diez años, cuando apenas comenzaba a asumir el liderazgo de la manada tra