Aidan
El aroma de Noelia permanecía en mis dedos mientras conducía por las calles del vecindario. Había pasado la noche vigilando su casa desde la distancia, oculto entre las sombras. No podía evitarlo. Mi lobo interior estaba inquieto, agitado por una sensación que no había experimentado en décadas: miedo.
No era miedo por mí, sino por ella. Por Noelia.
Algo en el aire había cambiado. Un olor extraño, ajeno a nuestro territorio, se había infiltrado en los últimos días. Olía a lobo, a macho alf