Aidan
La luna se alzaba sobre nosotros, casi completa, como un ojo plateado que vigilaba cada uno de mis movimientos. Sentía su influencia tirando de mi interior, despertando al lobo que rugía por salir. Pero esta noche necesitaba mantenerlo controlado. Noelia merecía explicaciones, no instintos.
La observé mientras se acomodaba en el sofá de mi sala, envuelta en una manta que había tomado del respaldo. Su cabello caía como una cascada oscura sobre sus hombros, y sus ojos, esos ojos que me habí