Noelia
El espejo me devolvía una mirada que ya no reconocía. Mis ojos, antes seguros y determinados, ahora fluctuaban entre el miedo y un deseo que me avergonzaba admitir. Pasé los dedos por mi cabello, intentando ordenar no solo mis mechones rebeldes sino también mis pensamientos caóticos.
—No puedes seguir así, Noelia —me dije en voz baja, apoyando las manos en el lavabo.
Habían pasado tres días desde que descubrí la verdadera naturaleza de Aidan. Tres días en los que había intentado evitarlo