Aidan
El aroma de la sangre me golpeó antes incluso de abrir la puerta. Metálico. Intenso. Una advertencia.
Salí al porche delantero y lo vi: un lobo muerto, uno de los míos, tendido sobre las tablas de madera. Su garganta había sido desgarrada con precisión brutal, y sobre su pelaje gris, escrito con su propia sangre, una sola palabra: "Pronto".
Contuve el rugido que amenazaba con escapar de mi pecho. Era Liam, uno de los centinelas más jóvenes. Apenas llevaba dos años en la manada. Demasiado