Ada Sloan
Con una leve sonrisa en el rostro le doy un sorbo a mi café y miro con diversión a Sergei; mi hermano mayor, quien me mira de vuelta con los ojos entrecerrados y comenzando a molestarse por mi infantil actitud.
Lo que me divierte aún más.
—Esa risita tiene nombre, a mí no me engañas —dejó la taza de café encima de la mesa de la cocina y solté una carcajada al escucharlo. Quería disimular lo más posible, pero de verdad que su cara era un verdadero poema.
No le diría absolutament