Alexander despertó. Maya dormía de espaldas a él. La noche había sido intensa, cargada de una pasión que todavía sentía en los músculos. Se incorporó para salir de la cama y, al apartar la sábana, se detuvo en seco. Sobre el colchón había una mancha de sangre.
Se quedó mirando el rastro, confundido. Si supuestamente eran amantes desde antes del accidente, esa marca no tenía sentido. La contradicción entre sus recuerdos y la evidencia física lo dejó contrariado, pero prefirió no despertarla toda