Alexander estaba recostado en una de las tumbonas frente a la piscina infinita de su mansión. El sol de la mañana golpeaba con fuerza, pero él permanecía inmóvil, con las gafas de sol ocultando una mirada que no estaba en el paisaje, sino en el recuerdo de la piel de Maya la noche anterior.
A su lado, Agustín Varga, dueño de Varga Systems , empresa que controlaba el ensamblaje de hardware y servidores en todo el pais, no paraba de hablar. Agustín era un tipo brillante, adicto a la adrenalina d