La noche en Blackwood no solo cayó; se desplomó.
La niebla se había espesado hasta convertirse en una pared sólida de lana blanca que presionaba contra el cristal, transformando el mundo exterior en un vacío. Por dentro, la casa gemía bajo el peso del viento. Cada tabla del suelo, cada bisagra oxidada, parecía susurrar secretos sobre las personas que habían muerto entre esos muros de piedra.
Me quedé tumbada en el centro de la enorme cama, con las pesadas mantas de terciopelo subidas hasta la b