El palacio se había convertido en un hervidero de susurros. Mariana lo notaba en cada esquina, en cada mirada esquiva del personal cuando ella entraba a una habitación. Algo estaba ocurriendo, algo que nadie se atrevía a comentar abiertamente en su presencia.
Aquella mañana, mientras caminaba por el pasillo que conducía a la cocina para buscar un té de menta, escuchó voces en árabe que se apagaron abruptamente cuando sus pasos resonaron sobre el mármol. Al entrar, tres miembros del servicio la m