El sol de la mañana se filtraba por los ventanales del despacho real mientras Khaled revisaba documentos oficiales. Sus dedos tamborileaban sobre la superficie pulida de su escritorio de caoba, un hábito que solo aparecía cuando algo perturbaba su mente. Y ese día, era Mariana quien ocupaba cada rincón de sus pensamientos.
La noche anterior habían compartido una cena íntima en los jardines privados. Recordaba su risa, el modo en que la luz de las antorchas iluminaba su rostro, cómo sus ojos bril