El palacio se había convertido en un laberinto de silencios. Tres días habían pasado desde aquella discusión, y los pasillos que antes resonaban con la risa de Mariana ahora parecían más fríos, más vacíos. El personal caminaba con pasos cautelosos, como si temieran despertar a una bestia dormida. Todos habían notado el cambio en la atmósfera, la tensión que flotaba como una niebla espesa entre el Jeque y la joven mexicana.
Mariana se había refugiado en su trabajo con los niños. Pasaba horas extr