El sol de Alzhar se filtraba por las cortinas de seda del palacio, creando patrones dorados sobre el suelo de mármol. Mariana contemplaba el amanecer desde la ventana de su habitación, con la mente dividida entre dos realidades que parecían irreconciliables. Habían pasado tres días desde la conversación con el Jeque Khaled, tres días de miradas furtivas y silencios cargados de significado.
La joven mexicana se había sumergido en su rutina con los niños, intentando mantener la normalidad mientras