El despacho de Khaled permanecía en silencio, interrumpido únicamente por el suave deslizar de papeles y el ocasional tecleo en su ordenador portátil. La luz del atardecer se filtraba a través de los amplios ventanales, bañando la estancia con tonos dorados que contrastaban con la severidad de la decoración. Llevaba horas revisando contratos para la nueva refinería, un proyecto que requería su total atención, pero que hoy, inexplicablemente, no lograba capturar su interés como debería.
Khaled se