La noche había caído sobre el palacio, trayendo consigo una brisa fresca que aliviaba el calor persistente del día. Mariana terminaba de ordenar los juguetes en la habitación de los niños mientras Amira y Sami se preparaban para dormir. Las estrellas brillaban con intensidad a través de los amplios ventanales, como pequeños diamantes esparcidos sobre terciopelo negro.
—¿Ya se lavaron los dientes? —preguntó Mariana, doblando una pequeña manta y colocándola sobre el baúl de juguetes.
—Sí, Miss Mar