La ambulancia se deslizaba por las calles de Alzhar como un fantasma silencioso, sus luces apagadas y su sirena muda. A través de las ventanas tintadas, Mariana observaba una ciudad que parecía haber sido vaciada por una plaga invisible. Ni un alma transitaba por las avenidas principales, ni una luz brillaba en las ventanas de los edificios residenciales. El toque de queda secreto había transformado la capital en un escenario post-apocalíptico.
Idris se removió en sus brazos, un gemido suave es