La felicidad más pura siempre llegaba acompañada del miedo más oscuro. Mariana lo había aprendido de la forma más brutal posible, y mientras sostenía a Idris contra su pecho, sintiendo el peso cálido y reconfortante de su hijo recién nacido, esa verdad se materializó una vez más en la habitación del hospital.
—No —murmuró contra la cabecita cubierta de cabello oscuro—. No permitiré que esto pase otra vez.
Las palabras salieron con una firmeza que sorprendió incluso a ella misma. Khaled, que había estado revisando mensajes en su teléfono con el ceño fruncido, levantó la vista hacia ella. La determinación en los ojos de Mariana le hizo comprender que algo había cambiado en los últimos minutos, algo fundamental que transformaría todo lo que había planeado para los próximos días.
—Protocolo Rojo —ordenó Khaled, su voz cortando el aire matutino como una cuchilla—. Ahora.
Hassan, que permanecía junto a la puerta como una estatua vigilante, asintió y habló rápidamente por su radio. En cuesti