El amanecer se filtraba por las cortinas de seda cuando Mariana despertó. Su mente aún revivía el beso compartido con Khaled la noche anterior, un recuerdo que parecía grabado a fuego en sus labios. Se llevó los dedos a la boca, como queriendo comprobar si había sido real o solo un sueño demasiado vívido.
La habitación, con sus lujosos detalles dorados y sus muebles de madera oscura, parecía ahora un espacio ajeno. Desde que llegó a Alzhar, nunca se había sentido tan extranjera y, al mismo tiemp