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El sol de la tarde se filtraba por los ventanales del palacio, proyectando sombras alargadas sobre los mosaicos del suelo. Mariana caminaba por el pasillo principal con un libro de cuentos bajo el brazo, regresando de una sesión de lectura con los niños. Las últimas semanas habían sido una montaña rusa emocional desde aquel beso con Khaled en el jardín, seguido por los encuentros furtivos con Rashid. Su corazón estaba dividido, y aunque intentaba mantener la compostura, la culpa comenzaba a pesa