El sol de la tarde caía implacable sobre los jardines del palacio, creando un espejismo de oro líquido sobre las fuentes. Mariana observaba el paisaje desde la ventana de su habitación, con la mente tan agitada como las aguas que danzaban en los surtidores. Tres días habían pasado desde el incidente en la fiesta, tres días de miradas esquivas y pasillos que parecían estrecharse cuando ella los recorría.
Los rumores se habían extendido como fuego en paja seca. Lo sabía por las miradas de las donc